Sorata, verde que te quiero verde

Venis buscando “algo” y te encontras con un lugar hermoso! 

Por: Pedro y Coky

Sorata

Sorata

Estábamos en La Paz y decidimos pasar unos días en Sorata, una localidad al norte de la capital, a la que llegamos tras 2-3 horas de camioneta (las tan odiadas camionetas cuádruple fila con los asientos desmontables).

Antes de llegar al pueblo, y después de atravesar la ruta, el camino desemboca en un valle gigantesco increíblemente verde y fértil (desde donde se puede divisar al fondo del paisaje el pueblo bien chiquito abajo y dos sierras atravesadas por un río: una vista que te hace olvidar la incomodidad de tus rodillas)

El pequeño pueblo de Sorata

El pequeño pueblo de Sorata

La manera de llegar a este bello lugar es a las afueras del cementerio de La Paz, desde donde salen unas combis a Sorata. Un consejo clave: Para viajar cómodo hasta Sorata lo mejor es escoger los asientos indicados! Mi recomendación, es elegir los que están detrás del chófer ya que te permiten estirar las piernas (si están ocupados lo mejor es esperar a que salga el otro y avisar que querés esos asientos) ¡esto es importante! Si no, vas a viajar muy incómodo durante 3 horas, aunque podes despabilarte del dolor de rodillas con un paisaje majestuoso.

Sorata es un pueblito en medio de un monte rodeado de muchos árboles, un lugar que vale la pena visitar. También, lamentablemente, para lxs turistas es “la capital de la marihuana”, más que nada, en la época en que Bolivia se llena de argentinxs (enero y febrero) Una anécdota curiosa que nos contó un habitante local: “Hace un mes había trescientos argentinxs como zombies preguntando por todo el pueblo donde podían conseguir marihuana y fumando hasta en el mercado”. En mi opinión, una falta de respeto al pueblo.

Para hospedarnos elegimos el camping “El Vergel” (nos lo habían recomendado en El Carretero) muy lindo, rodeado de un bosque y cercano a un arroyo. Si te gusta la aventura ¡lo recomiendo! Especialmente porque tenés que acceder por un camino en bajada de tierra (muy empinado) el problema no radica en bajar con la mochila, si no en subir cargándola; que nuestro caso, eran las pesadísimas mochilas y atiborrados de objetos – cuando nos separamos nos quedamos con la mayoría de las cosas en común como la carpa y la marmita, mas las 6 clavas, guitarra, ukelele y un sinfín de otros objetos- éramos auténticos equecos. Pero vale totalmente la pena visitarlo, por el paisaje y la tranquilidad y porque, además, el dueño del camping es un hippie buena onda.

Camping El Vergel

Camping El Vergel

El lugar es especial para quedarse unos cuantos días y disfrutar de su naturaleza, allí conocimos a Agustín, un chico argentino que está a cargo de la estancia y vive en el lugar junto a su familia. Con la mejor onda nos invita a armar campamento y agotadxs, pero contentxs, procedimos a ir cuesta abajo (mas aún) y armar la carpa junto al río.

Uno de nosotrxs ya había ido a Sorata en otra ocasión, pero me había quedado en un hostel en la parte alta del pueblo. Después de conocer este camping sé cuánto me equivoqué: este lugar está muy bien ubicado, cuidado y sos parte del paisaje, a diferencia del Mirador, desde donde lo miraba antes.

La carpa, con una varilla menos por accidentadas maniobras

La carpa, con una varilla menos por accidentadas maniobras

Para cuando armamos campamento, ya nos habíamos percatado que la fauna del lugar era particularmente hostil hacia los humanos: Unos mosquitos amarillos terriblemente molestos zumbaban alrededor de cualquier superficie de piel expuesta y te picaban sin misericordia. No te percatabas de la picazón sino hasta al rato, cuando sentías unas incontrolables ansias de rascarte con un tenedor muy furiosamente (Error de principiante)

Estos insectos son dueños y amos del lugar, y luchar contra ellos o intentar escaparse es en vano, hay que aceptarlo, dejarse picar y NO rascarse ¡bajo ninguna circunstancia!

Continuando el relato, estábamos tan instaladxs y cansadxs por el recorrido que decidimos no explorar mucho más por el día, aunque nos quedaba subir nuevamente al pueblo para comprar provisiones. Así conocimos la desventaja de El Vergel: Es un esfuerzo enorme ir al pueblo a comprar unos tomates, así que mejor subir una sola vez por todo el resto del tiempo que te vayas a quedar. El pueblo en sí, no tiene demasiado que ofrecer, una plaza central en torno a la cual están los cybers, restaurantes, farmacias, etcéteras y calles secundarias donde más que nada están lxs vendedorxs de alimentos  y otras misceláneas.

Al bajar nos dimos cuenta lo esencial que es una linterna durante un viaje (nuestrxs amigxs sí llevaron, nosotrxs no) mientras más descendías hacia el camping, menos luz eléctrica había hasta que se convertía en una boca de lobo bien peligrosa (por las posibles caídas principalmente). Sin mencionar lo complicado que era encontrar la carpa, porque el último trayecto era especialmente complicado cuando no había luz. Llegamos a iluminarnos con la luz de un reloj de bolsillo (para que se den una idea de la oscuridad absoluta que había)

Ultimo trayecto de la subida al pueblo

Ultimo trayecto de la subida al pueblo

Esa noche y al siguiente día no paró de llover en ningún momento, lo cual fue una pena porque queríamos ir a las famosas grutas, pero el clima estaba imposible. Nos quedamos un día más, practicando clavas, tocando, charlando con la gente y disfrutando el lugar, y al día siguiente (como seguía bien lluvioso) decidimos irnos. Para entonces, yo tenía todos los brazos y las piernas repletos de picaduras (calculen 40 picaduras en cada uno de mis tobillos) Todo decantó en una inflamación (más bien desagradable) en mis pies , por lo que tuve que encarar la tremenda subida en ojotas (o chanclas), que hacían muy buen juego con el barro, los buenos kilos de equipaje y los 2.500 metros de altura. Sin más llegamos arriba, fuimos a la agencia de micros y esta vez nos avivamos y esperamos a que haya alguno con los asientos delanteros libres.

Más allá del clima que nos tocó (y el tema de las picaduras) es un lugar muy bello y si están en La Paz les diría que vayan sin dudarlo: es muy cerca y no se parece en nada a la Bolivia árida que se ve al Sur.

En Sorata intentamos averiguar la manera de ir a Coroico, pero obligadamente tenés que volver a la Paz. La única opción que teníamos, si queríamos ir desde Sorata, era pagar todos los asientos de una combi para que te lleve (lo cual se puede hacer fácilmente si viajas en un grupo grande de personas)

Pura tranquilidad en Sorata

Pura tranquilidad en Sorata

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2 pensamientos en “Sorata, verde que te quiero verde

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