Cartagena de Indias, entre la agonía y el extásis

“Ya no quiero ser sólo un sobreviviente, quiero elegir el día para mi muerte. Tengo la carne joven, roja la sangre, la dentadura buena y un sueño urgente.” Sobreviviendo, de Víctor Heredia. 

Dentro de la ciudad amurallada

Dentro de la ciudad amurallada

Cartagena de Indias, oficialmente Distrito Turístico y Cultural de Cartagena, más conocida como Cartagena, capital del departamento de Bolívar. En la actualidad su arquitectura colonial se mantiene en el casco histórico conocido como la “Ciudad Amurallada” (aunque en uno de los costados no existe tal muralla) La composición étnica de esta ciudad es el resultado de la fusión de las tres etnias primigenias: la precolombina u originaria, la proveniente de España y de inmigrantes del Medio Oriente que arribaron a la ciudad hace años en busca de refugio y la africana traída como esclavxs desde África.

Vista de la muralla a la parte más turística de la ciudad

Vista de la muralla a la parte más turística de la ciudad

El turismo se convirtió en un factor potencial de la ciudad gracias a sus atractivos naturales y su rica historia, de manifiesto en la variedad de estilos arquitectónicos. El hecho de ser considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco la fortaleció como una potencia turística de la región. La ciudad posee dentro de sus principales destinos lugares históricos como el Castillo de San Felipe, el Palacio de la Inquisición (un horror a mi modo de ver por lo que me connota!) la Torre del Reloj y también las playas de la Boquilla, Boca grande, Castillo Grande, El Laguito y las cercanas islas del Rosario y de Barú.

Imagen cotidiana del Mercado Bazurto, lo que no te muestran

Imagen cotidiana del Mercado Bazurto, lo que no te muestran

Una muestra fotográfica del mercado Bazurto, hecha por Ariel Arango

Una muestra fotográfica del mercado Bazurto, hecha por Ariel Arango

Bazurto- Entrelazando

Bazurto- Entrelazando

Bazurto- Entrelazando

Bazurto- Entrelazando. Vean más de esta genial muestra en la pagina del autor: Entrelazando

Pero todos estos “atractivos” no son más que una máscara de lo que es la verdadera ciudad, cuando uno busca en Google imágenes de esta ciudad sólo te muestran el casco histórico y playas de arena blanca (que claramente sí es muy hermoso el casco histórico pero meramente turístico) lo que no te dicen es que la ciudad amurallada es un pequeño espacio mega turístico y que para acceder a las playas del buscador de internet te tienes que tomar una lancha o un colectivo de línea (aunque este último, es muy poco difundido para que gastes más dinero del otro modo) Lo que tampoco te cuentan es que casi el 68% de la población en esta ciudad es pobre (refiriéndonos al análisis económico) y el 51% de ese porcentaje de pobreza son personas que viven en situación de completa marginalidad. Cuando te encuentras saliendo de la Terminal de Ómnibus se puede observar las precarias condiciones en las que tiene que vivir su población. Nos enteramos que la mayor parte de la población no cuenta con agua corriente, por lo que me genera mucho rechazo ver partes con hoteles tan ostentosos y por otro lado, personas que no cuentan ni con las necesidades básicas. Realmente DUELE tan injusticia. Y si tuviera que elegir una palabra para definir Cartagena, diría que esa palabra es: DESIGUALDAD. Y no voy a negar lo preciosa que es la Ciudad Amurallada o que placentero resulta caminar por la zona de los Pegasos Alados, pero estas cosas NO representan la ciudad, no hacen a su realidad, estas cosas parecen más la postal para lxs turistas que otra cosa. Esa desigualdad que está tan marcada a flor de piel y que provoca tanto resentimiento y rechazo al otrx que es distinto. Nos pasó en Cartagena algo que no me había ocurrido nunca (algo que lamento y me entristece mucho): que me quisieran golpear unxs vendedorxs ambulantes en plena calle (muy cerca del Castillo de San Felipe) porque pensaron que yo (Gabriela, quién escribe este post) era un “hombre vestido de mujer” y al darse cuenta se excusaron de su error en que era “confuso” una mujer con el pelo corto, “que no se entendía lo que era”. En otro momento me hubiera reído, pero dadas las circunstancias me sentí tan vulnerable. Fue un gran acto de intolerancia y falta de respeto para con alguien que percibieron rara. Particularmente, no me interesa que se entienda “que soy”, soy persona y con eso me basta, no juzgo a las personas por su vestimenta, su sexualidad, su origen o situación económica. Y de paso aprovecho para aclarar el uso de la X sin tener que hacer referencia a géneros, decir TODXS en vez de: Todos; porque siento que las personas somos mucho más complejas de lo que se puede expresar con las palabras, y porque no somos algo exacto que se pueda encuadrar sólo en: hombres y mujeres. Además de que el “todos” tiene una clara connotación patriarcal, y como soy una gran militante de la vida por los derechos de igualdad entre las personas, el todos, no me identifica. El uso de la X o el @ no lo inventé yo, claro está. Pero me gusta, y lo prefiero por sobre lo que la Real Academia Española nos establece, el lenguaje (en fin) es algo que vamos forjando nosotrxs mismxs. Y sonrío cada vez que veo como las personas se apropian de este nuevo concepto en las redes sociales o en suplementos de algunos diarios (léase  http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/index.html)

Cuando tenes que vivir en Cartagena, ganarte la vida como la gente local, la hermosas imágenes turísticas son remplazadas por la realidad

Cuando tenes que vivir en Cartagena, ganarte la vida como la gente local, la hermosas imágenes turísticas son remplazadas por la realidad

Detrás de donde vivíamos, a 8 cuadras de la Ciudad amurallada, había gente viviendo en estas condiciones, lamentablemente una imagen cotidiana en esta ciudad

Detrás de donde vivíamos, a 8 cuadras de la Ciudad amurallada, había gente viviendo en estas condiciones, lamentablemente una imagen cotidiana en esta ciudad

Ver la desigualdad de Cartagena fue una de las cosas que mas nos marco de este destino turístico de nivel internacional.

Ver tanta desigualdad en Cartagena fue una de las cosas que mas nos marcó de este destino turístico de nivel internacional.

Así como nos pasaron cosas malas como la agresión callejera por ver a una mujer con pelo corto, también nos pasaron cosas buenas. Un día volviendo del semáforo, el corrientazo al que íbamos siempre estaba cerrado, entonces buscamos otro cercano y nos atendió un señor muy amable, charlamos un rato y cuando terminamos de comer empezamos a contar las monedas para pagar la cuenta (la cuenta era de 10 mil pesos colombianos, menos de 5 dólares) y cuando le habíamos dado 8 mil pesos en monedas el nos dijo – Listo! 10 mil- y en voz baja agregó- Váyanse rápido-. Nos quedamos un segundo desorientadxs y entendimos que nos estaba cobrando 2 mil pesos menos, sin que sus jefes se enteren, con ese gesto ese hombre nos salvó los boletos del colectivo y por eso le estamos agradecidxs. También el último día, cuando nos íbamos del hostal, le preguntamos a la señora que limpiaba la habitación que colectivo nos llevaba a la Torre del Reloj (donde nos íbamos a encontrar con Crix para ver sí continuábamos nuestro viaje para México juntxs o por separado) nos explico que camión tomar y cuanto costaba. Al notar que no llegábamos con el dinero para el pasaje de colectivo, ella nos dio lo que faltaba. Este tipo de gestos nos hizo pensar algo que nos paso durante todo el viaje: siempre que necesitas ayuda la gente te la brinda, en lo más mínimo que sea, en lo que puedan, siempre se solidarizan. Y sin tener que pedir nada la gente nos ayudó, aunque sea un pan o cuando necesitábamos dinero, siempre nos dieron aunque sea una moneda. Y gestos así no se olvidan y se agradecen.

Cristina y Robinson, dos de las personas que mas nos ayudaron en Colombia

Cristina y Robinson, dos de las personas que mas nos ayudaron en Colombia

Nosotrxs llegamos a Cartagena con muy poco dinero, por lo que nos quedamos en el Hostal más barato que conseguimos llamado Red House (alejado de la Ciudad Amurallada pero frente al mar) y ese mismo día y sin desayunar siquiera nos fuimos a hacer malabares al semáforo, sólo teníamos dinero para pagar una noche más de hospedaje, sino ganábamos dinero ese día con los malabares no sabíamos que íbamos a hacer. El gran problema de la ciudad era el viento, a mediodía se hacía casi imposible desempeñarnos con éxito con el diábolo y los cariocas (pois o pajaritos) además de que había que llegar temprano al semáforo porque era muy solicitado, ya que era sabido que era un punto estratégico para hacerse de unos pesos colombianos. Otra cosa que hacía agobiante la labor era el sol (a pesar de que corrían los primeros días de marzo, es decir invierno aún en el hemisferio norte, la cercanía con el ecuador hacía que no se sintiera el frío) Hacíamos malabares hasta que nos echaba la policía. Uno de esos días en los que regresábamos caminando de una jornada de malabarear, nos encontramos con un amigo de la infancia de Camilo frente a la Torre del Reloj, fue realmente increíble que lograra reconocerlo luego de 7 años en los que Camilo (de nacionalidad mexicana) había vivido en Argentina. Esa noche, quedamos en encontrarnos en la Ciudad Amurallada y tomando unas Póker se pusieron al día y compartimos experiencias de viajes (él se encontraba de vacaciones en Colombia, luego de haber vivido un año en Australia) También en Cartagena nos reencontramos con Cristina (que habíamos conocido en San Jacinto) quien se encontraba allí despidiéndose de sus amigxs antes de regresarse a México. Cristina resultó ser una gran aliada en esos calurosos días en Cartagena en los que altruistamente nos ayudó en más de una ocasión y razón por la que le estaremos eternamente agradecidxs! y es una amiga con la que nos mantenemos en contacto hasta el día de hoy.

En Cartagena se nos dio la gran crisis existencial entre sí seguíamos rumbo a Panamá o nos íbamos a conocer Venezuela. Ya habíamos averiguado todas las posibilidades para el paso a Panamá. Por un lado estaba la posibilidad de hacerlo en barco pesquero, pero el hecho de el cruce llevara varios días nos desanimó bastante; intentamos conseguir trabajo en un velero (algo muy comentado entre lxs viajerxs) pero el hecho de que existiera una gran oferta hizo que tuvieran la intención de contratar sólo a uno de nosotrxs (además de que el contrato era por tres meses) También nos había comentado al respecto, de un ferry desde Cartagena hasta Colón (Panamá) pero éste no se encontraba activo por la presión que ejercieron las compañías aéreas, puesto que el boleto tenía un costo de 100 dólares (mucho más económico que el excesivo costo de un vuelo aéreo) La idea de viajar en velero por el Caribe creo que a nadie le parece mal plan, pero el hecho de que tal experiencia costara 500 dólares hizo que esta opción se desechara de inmediato. Y entre otras posibilidades, también pensamos en ir a Venezuela, razones y ganas para hacerlo nos sobraban, entre otras cosas porque nos habían dicho que los vuelos desde ahí eran sumamente baratos. Las ganas estaban más en ir hacia Venezuela, y en poder pasar por lugares como Santa Marta, Taganga y El Tayrona, pero lo cierto es que el dinero que hacíamos en el semáforo nos alcanzaba apenas para sobrevivir en el día a día, no para ahorrar. No nos quedaba mucho dinero de lo que habíamos ahorrado y estábamos mucho más delgadxs de cuando habíamos comenzado el viaje.

Al final terminó primando la opción de continuar rumbo a Panamá, puesto que no era seguro que en Venezuela íbamos a conseguir más baratos los boletos de avión ( teniendo en cuenta que buscando en Internet no habíamos hallado nada en concreto) no queríamos arriesgarnos a quedarnos varadxs sin dinero y tener que regresar, de todos modos, a Colombia para pasar a Panamá. El tema complicado en cuanto a El Paso a Panamá era que (además de lo dificultoso del recorrido) sabíamos que al momento de realizar el Trámite Migratorio teníamos que mostrar 500 dólares en efectivo (cada uno) el problema por un lado, era que no llegábamos a 1000 dólares y segundo, que la mayoría de nuestro dinero no lo teníamos en efectivo! Y en Colombia los cajeros automáticos sólo entregan el equivalente en pesos colombianos, no dan dólares! Por lo que íbamos a perder mucho dinero en la conversión de las monedas en una casa de cambios. También nos estresaba la idea de la cantidad de trasbordos que íbamos a tener que realizar, y además teniendo en cuenta que la mayoría de la información con la que contábamos la habíamos obtenido a través de otros blog de viajes. Así que era momento de lanzarse y que pasara lo que tenía que pasar…

La pobreza de Cartagena:

Nota: Imágenes gentileza de Ariel Arango, Crix y Google imagenes. 

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3 pensamientos en “Cartagena de Indias, entre la agonía y el extásis

  1. Pingback: Opciones para cruzar de Colombia a Panamá | planbviajero

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