Veo Veo #16: Especial Cortázar!

Por Gabriela De Marcos

Veo Veo Especial Julio Cortázar. Esta vez el punto de partida es una frase: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

Final del sueño y punto de partida:

Recuerdo el día en que te conocí, no era un día especial era más bien uno de esos días que son muy fáciles de olvidar. Tal vez por eso lo recuerdo, porque cuando ya no esperaba nada de aquel día, cuando me había resignado a que ese día quedaría en el olvido, llegaste a mí. Fue casual (o eso creí) Ya alguna vez te había leído, pero más por imposición educativa que por elección propia, y si bien me gustó leerte, no me generó mayor curiosidad y la cosa quedo en el tintero. Pero aquella tarde de sábado, mi mejor amiga te trajo dentro de su bolso. La tarde estaba agradable y a meritaba llenar nuestras mentes con un poco de fantasía. Es un cuento corto, dijo. Es algo especial, te va a gustar. El cuento hablaba sobre una mujer que se soñaba y se sentía en otro lugar, ella (al igual que yo por aquellos días) se sentía lejana ¡Me enamoré de aquella historia! las palabras de aquel relato en forma de diario parecían desvalijadas de mi mente. Mi amiga vislumbró un brillo en mis ojos y me prestó otro libro tuyo para alimentar la llama que comenzó aquella tarde a nacer dentro de mí: Este resultaba bien curioso y gracioso. Hablaba de seres especiales, de unxs que no encajaban en la sociedad y de otrxs que hacían todo lo posible por estar a la altura de la misma, mientras que tercerxs se perdían en el intento de seguir a los primeros o a los segundos.

Tiempo después, la edición de un libro que (se evidenciaba) había luchado varias batallas, me pidió ser leído. Su aroma a libro viejo, me embriagó (fetichismo que hasta hoy día tengo) El título me llamó la atención, más por el recuerdo lúdico de su nombre que por su contratapa. La cuestión es que esa historia era de juego abierto e invitaba a ser leído como se quisiera, o a seguir una seguidilla de saltos abruptos e inesperados o simplemente (y para evitar el estrés) leerlo como fama y vivir una corta, escueta y sin sorpresiva versión hasta el capítulo 56. El relato desbordaba Rimbaud, Baudelaire, Sartre… Personajes que por aquellos años acompañaban mis primeras noches de desvelos. Como no leerte? Si aquel mundo que relatabas era tan similar al mío! Hablabas de amor, o mejor dicho de la carencia del mismo. Pero por sobre todo del crecimiento y entendimiento personal de un ser frente al mundo, frente a esa rayuela.

Y acontecieron más historias, y la vida se tornó en vertiginosos saltos, y cuando no los hubo por un tiempo sentí la agonía de la certidumbre caer sobre mí. Y después siguió el otro cielo, y más saltos, y las historias se volvieron hilos de babas, y parecieron las bestias (las internas) pero no importo porque el esfuerzo y la lucha vinieron con los premios, y quedé desnuda contemplando la noche boca arriba, y me hiciste reír, me hiciste llorar, me enfadaste, me pusiste a pensar, me erizaste la piel y me contagiaste el alma de surrealismo.

Estuviste en cada momento, me acompañaste, me viste crecer, y para cada momento encontré un refugio en alguna historia. Yo, que intenté jugar a ser La Maga (tú mejor que nadie sabes cuantos casos similares transcurrieron) cuando sabía que estaba condenada a ser Oliveira. Yo que quería nadar también en esos ríos metafísicos que veía y comprendía, pero que no nadaba. Yo que por fin comencé a nadar esos ríos el día que me recibí de cronopio, en una ciudad que no conocía, con una lluvia a gritos y los hostales llenos, y a la hora de dormir me dije sonriente: “La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”. Sé que ahora tú ahora ves siempre la Cruz del Sur, ahora, tú puedes caminar de noche por ese Buenos Aires, por ese siempre mismo Buenos Aires que tanto amas…  y ahora, también comprendí que siempre fue como debía ser: que andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos, tu literatura y yo.

Una rayuela en la acera: tiza roja, tiza verde. CIEL. La vereda, allá en Burzaco, la piedrita tan amorosamente elegida, el breve empujón con la punta del zapato, despacio, despacio, aunque el Cielo esté cerca, toda la vida por delante.

“Una rayuela en la acera: tiza roja, tiza verde. CIEL. La vereda, allá en Burzaco, la piedrita tan amorosamente elegida, el breve empujón con la punta del zapato, despacio, despacio, aunque el Cielo esté cerca, toda la vida por delante.” Capítulo 113, Rayuela

Dedicado a la primera persona que me enseñó el viaje más difícil de todos, el que comienza con la imaginación.

Otros blogs que están Jugando al Veo Veo: 

Cuentos de Mochila, Afonso Brevedades, Ayedjromano, Viaje y Descubra, Sweet Virginia, Antilla Desmemoriada, Rumbeando por Ahí, Una Argentina por el Mundo, Desafío de Ideas, Camino Mundos, Hooked on the World

Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook (Dinámicas Creativas) y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

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5 pensamientos en “Veo Veo #16: Especial Cortázar!

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  5. creo que encontrarse sin buscarse es algo que sucede con muchas literaturas, pero… a mí me pasó lo mismo con la de Cortázar, tantas veces la encontré sin buscarla, aun fuera de la literatura y en la misma vida.

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